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Location: Las tenebrosas regiones del Hades

Me suicidé tirándome de una planta baja... caí arriba de un fundamentalista islámico. Terminé haciéndome amigo de Víctor Sueiro, de verlo del otro lado. No soy un alma en pena, soy un alma de joda.

Tuesday, January 31, 2006

Micosis (III)

Despertó con el sol alto. Miró la hora. Llegaría 15 minutos tarde al trabajo, como de costumbre: la suya era una especie de impuntual puntualidad (si se me permite el oxímoron). Se sentó en la cama con toda paciencia y rascó, como quien no quiere la cosa, la planta de sus pies. Una pequeña porción de piel seca quedó bajo la uña del dedo índice. La miro con intriga y luego se la echó a la boca; sabía raro y tenía la consistencia de la cáscara del pan. ¿De dónde habría salido aquello?. No recordaba haberse ampollado los pies. Cuando se miró el talón casi se desmaya del asco y el terror. La piel se le había agrietado y estaba llena de una suerte de llagas secas que desprendían un hedor purulento y pedazos circulares de epidermis.

Se echó el antimicótico, que en esa zona no ardía, se puso medias de algodón pues creía saber que eso prevenía los hongos y tomó un taxi hasta el trabajo. Ya habría tiempo de desayunar unas facturas con chocolatada caliente de máquina, en su amplio escritorio.

En la municipalidad cruzó los saludos de rigor, fue hasta la expendedora, cabeceó a las 20 personas que esperaban como diciéndoles “lo lamento, pero esto se enfría y ustedes no” y se sentó en su lugar acompañado de 6 medialunas de manteca, una torta negra, un vigilante y un cañoncito de dulce de leche. La mesa oblonga (pongo el adjetivo que quiero) le daba la comodidad de rascarse a destajo pero ¿qué haría cuando tuviese que pararse a atender?. Se puso a mirar a sus compañeros. Todos compartían su estática (¿extática?) contemplación excepto el rengo Bastía, que cojeaba de un lado a otro de la sala, apurado inútilmente como un hámster que corre en una ruedita de alambre. ¡Justo el rengo, que era el arquetipo platónico del pelotudo!. En fin, ya vería que hacer luego, pues el estómago lleno aclara las facultades racionales.

Las nueve facturas no le mejoraron un punto el C.I. pero refrescaron su memoria. Bastía se había carajeado el día anterior con el intendente Gorosito y éste lo había amenazado con dejarlo en la calle si no ponía un poco de buen humor para trabajar. Por lo que parecía, al rengo le era más fácil renunciar a la pesadez de sus bolas que a su ya famosa cara de orto. Confundía humor con eficiencia y eficiencia con deambulación. Pero eso era lo de menos, el Goro lo tenía entre cejas y él (me refiero a Domínguez) podría pasar la mañana cómodamente apoltronado en su silla giratoria.

Para disimular un poco sacó una pila mediana de formularios que estaban en el escritorio desde que lo habían bajado de la Secretaría de Obras Públicas (me refiero al mueble) y que no tenía ni idea como llenar. Era papelerío formal, burocrático, de una canalización de cañadones, pero le serviría para disimular llegado el caso.

Prendió la computadora. En la casilla de correo, más allá de las noticias de Ámbito Financiero que nunca leía y los habituales mails de “Enlarge your penis”, nada había de interesante. Abrió la página de la guía telefónica y buscó un dermatólogo en la Capital, porque estaba claro que la doctora no había dado en el clavo con el diagnóstico. Eligió basándose en el nombre y en el barrio, suponiendo que un nombre esplendente (ya dije que pongo el adjetivo que se me canta) seguido de dos apellidos, domiciliado en Palermo Hollywood o Recoleta, sería prueba suficiente de eminencia médica. Se decidió finalmente por el Doctor Gualberto Rodríguez Larreta, con consultorio en calle Suipacha (Ni Recoleta, ni Palermo: Retiro). Concertó telefónicamente la consulta para el día siguiente (viernes 11 a.m.) y dio aviso al Jefe de Recursos Humanos de que no concurriría a trabajar “mañana” (¡qué cosa con los deícticos!) por cuestiones de salud, teniendo turno el día viernes a las 11 a.m. (no lo dijo así, pero debo disimular la reiteración) con el doctor Alberto Larrea en Buenos Aires (no, no sé equivocó. Domínguez se atajaba del escarnio y las habladurías): Había que cuidarse de las virtudes delatoras del Google, según propias palabras.

Hasta la hora del almuerzo se rascó las bolas más de la cuenta (estaba claro que la doctora no había dado en el clavo con el diagnóstico) pero no pudo hacer nada con sus pies, que le molestaban hasta rayar la desesperación. Si bien acostumbraba a comer algo en su escritorio, para evitar la caminata a pleno sol del mediodía, esta vez decidió salir con la excusa de comprar los pasajes pero con motivos bien distintos. Se sentó en un banco a la sombra, en la plaza de Cabral y Bozán, desierta aquellas horas. Se quitó los zapatos y las medias. Un hedor ácido y dulzón a la vez le subió hasta las narices. Sus pies le picaban horriblemente y se habían poblado de una suerte de ampollitas rellenas de líquido, muchas de ellas ya reventadas. Agradeció tener el turno. Antes de ir hasta la terminal de ómnibus echó dos puñados generosos de arena del arenero (¡y qué quieren, es insalvable!) en sus zapatos y dejó los cordones flojos, para poder rascarse las plantas por frotación. Tiró las medias en uno de los papeleros de la plaza. Cuando se subió al remís, pensó que si pasaba la tarde las cosas estarían resueltas (pero…)

14 Comments:

Blogger El finao Zitarrosa said...

Para Ankh, que lo pidió.

31/1/06 15:36  
Blogger Audrey said...

Mmmmmmmmmm, tortitas negraaaas...

[baba]

31/1/06 21:08  
Blogger cutipaste said...

Después dicen que el empleo público no es insalubre.

1/2/06 04:03  
Blogger T a n g e r i n e* said...

nueve facturas es demasiado... y encima almuerza... ademas de mmicotico va a ser obeso este hombre

1/2/06 04:15  
Blogger El finao Zitarrosa said...

Ña Picha: Jamás pensé que prestaría atención a ese detalle... usté tiene cada idea!

Alfredo: Adhiero, trabajar para el estado es absolutamente insalubre...

Danus: jajajajajaja... Sí, es un hombre hambriento!

1/2/06 05:26  
Blogger Martin said...

100% de acuerdo por los que se cuelgan de la tetas de Barrio Norte.
Y digo esto borrando el diario mail de "Enlarge your penis" a la vez que me pregunto: ¿Cómo saben que lo tengo corto?.

1/2/06 06:06  
Anonymous ankh said...

graciasssss, sos un buen amigo, sabélo !!!
hoy viajo contenta, tengo para leer !!!
llora Auster llora !!

1/2/06 06:49  
Blogger El finao Zitarrosa said...

Martín: La verdad, no sé, deben tener un medidor cibernético... A mí nunca me han mandado uno, parece que ´ni vale la pena tratar de estirarlo.

Ankh: Más vale que comentés mañana!!!!

1/2/06 07:18  
Anonymous deapoco said...

Espero que Ankh se de cuenta con esto que con arena no solucionamos el temita...:-)

Y lo suyo, más allá de agradecer al cielo haberlo leído antes de almorzar, para el aplauso.

Y lo voy a repetir:
Punto para Zita.

:-)

1/2/06 08:32  
Blogger Guzamadour said...

siempre hay un pero... que lo parió

y tortinas negras....mmmmmmmmmmmm

1/2/06 08:51  
Blogger El finao Zitarrosa said...

Dea: Usted es grossa, muy grossa. No sé que tiene que ver, pero es la verdá.

Guza: Otra con las tortas negras!!

1/2/06 16:31  
Blogger EQAEG (El Que Antes Era Gayabuc) said...

No se como no lo leí antes, esa maldita costumbre mía de no hacer ctrl + F5...
Esto tiene mas perlas que un collar de La Mirtha Legrand, pero destaco la adjetivación seleccionada, el
"Esto se enfría y ustedes no" y por supuesto el arquetipo platónico del pelotudo !!!!!
Extraordinario, Zita.
Lamento haber llegado tarde.

2/2/06 05:08  
Anonymous Anonymous said...

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3/3/07 21:20  
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